Por Claudia Fernández, Santo Domingo Este, República Dominicana.-Hoy, vivo con temor a una agresión de cualquier tipo y no de parte de esos sectores oscuros que han ocupado buena parte de nuestra sociedad. Ahora me enfrento a un segmento poblacional muy reducido, ubicado en el sector Villa Faro, específicamente en la calle Ultramar. Un callejón sin salida en el que he ganado la repulsa de un grupo por mis constantes llamados de atención debido al irrespeto mostrado hacia los habitantes de esta calle. Nadie puede dormir, descansar…mucho menos, nos tienen a jaque mate a partir de la medianoche hasta las cinco o seis de la mañana. Nadie hace nada, ni dice nada. ¡Qué horror!
Tres, cuatro veces, fin de semana completo, a partir de las primeras horas de la madrugada, se estacionan vehículos frente a una cuartería- (terreno lleno de construcciones ilegales por las que se cobra alquiler).
Comienza el “teteo”, modalidad festiva que inició a raíz de la aparición del COVID-19, como enfrentamiento a las reglamentaciones impuestas en el momento.
Las cosas han llegado a mayores, a extremos nunca vistos, y todo apoyado por vecinos que no quieren entrar en conflicto con este grupúsculo de aspirantes a delincuentes, que viven provocando y atentando contra la tranquilidad de quienes viven en este pequeño espacio.
El temor les impide reaccionar, no duermen, y lo peor de todo es que no hay forma de comunicarse con las autoridades pertinente. El caos se apodera de la calle Ultramar, y nadie hace nada. Me he atrevido a señalar y definir responsables, pero nadie se atreve a dar apoyo.
¿Qué sucede con nuestra sociedad? Abogo ante las autoridades, policiales, municipales y judiciales a poner freno a estos desmanes juveniles, se ha perdido el sentido de la decencia, el respeto.
Mientras tanto, se llama y llama a la Unidad Antruidos de la Policía Nacional. ¿Respuestas? Ninguna.