Robert Jeand’or: Un arubeño cuyos aportes al merengue lo dominicanizan

0
458

Economía y banca, por Mario Díaz, 9 de agosto 2020, Santo Domingo DN.-Sin lugar a dudas, el maestro Robert Jeand’or es el arubeño más dominicano que hemos conocido.

Desde que se radicó en República Dominicana, donde llegó gracias a las gestiones de un gigante del merengue, Johnny Ventura, este cantante, músico, arreglista, compositor, productor musical y líder de orquesta solo hizo aportes al ritmo que comandan la güira y la tambora y el que mejor identifica la idiosincrasia de los dominicanos.

Siempre gentil, humilde y con un alma desprovista de mezquindad, este caballeroso artista puso su talento al servicio del merengue y, por ende, de todo el engranaje que lo impulsa.

Robert Hubert JeanD’or Bermúdez nació el 10 de mayo de 1954, en Aruba, territorio que hasta 1986 formó parte de las Antillas Neerlandesas y hoy del Reino de los Países Bajos. Hijo del curazaleño Francisco Reinier JeanD’or y la arubeña Cecilia Bermúdez, quienes laboraban en el acueducto y el hospital de Aruba, respectivamente. Don Francisco murió en 1972 y doña Cecilia en el 2005.

Fíjense que he escrito JeanD’or y no Jeand’or, porque el primero es el apellido correcto de esta familia, pero para fines de manejo artístico a Robert se le aplicó Jeand’or. ¡Y dichoso fue que no le quitaron el apóstrofo y lo dejaron solo en Jeandor!

Su inclinación por la música provino de su padre, quien lo orientó cuando Robert dio sus primeros pasos en los estudios musicales.

“Mi papá fue mi primer profesor de música: escribió para mí todos los acordes en un cuaderno y allí, cuando yo apenas tenía seis años de edad, empecé aprendiendo a tocar el cuatro venezolano y, después de algún tiempo, la guitarra”, recordó.

Pero no solo en las venas de Robert corría el talento musical, sino que también sus hermanos Francisco (Frank), quien tocaba guitarra y mandolina, Marlene y Percey eran por igual guitarristas, Robertina y John cantaban, Ismael era trompetista y Michael se entendía con la percusión. Varios de los hermanos de Robert ya murieron: Ismael y Sofía (2010), Frank (2013) y John (2014).

En el barrio donde nació, llamado Madiki, con gran frecuencia pudo ver a sus hermanos tocando casi todas las noches, juntos, en familia, con su papá liderando, y así lo atrapó el deseo de integrarse al clan familiar como músico y eso lo condujo poco después a tocar la guitarra.

“Una noche mi hermano Frank llegó a la casa y me dijo que había un grupo de aguinaldo que necesitaba un cuatrista para reforzar. El grupo se llamaba Las Blancas Palomitas y lo dirigía Severiano Luidens, destacándose también sus parientes Evelien y Jossy Luidens”, relató Robert Jeand’or, quien entonces tenía solo ocho años de edad y, liberando una carcajada, añadió que el único negrito era él.

Contó que su relación con el bajo sucedió de una manera fortuita, pues durante una presentación del grupo el bajista no apareció, por falta de transporte, y entonces Robert, siendo un niño de unos nueve o diez años, asumió tocar el poderoso instrumento de cuerdas y resolvió el problema que generó la ausencia del instrumentista titular.

“Agarré el bajo, sin haberlo tocado nunca antes y como las cuerdas se afinan en el mismo orden de la guitarra, dije que lo iba tocar y así toqué aquella noche y así empecé a tocarlo y hasta el día de hoy es de mi mayor gusto”, rememoró.

El espigado artista relató que ingresó a una academia de música para estudiar bajo y canto, siendo instruido en ambas materias por el hoy extinto profesor arubeño Rufo Odor y en armonía con el también desaparecido profesor Eddy Bennet, argentino.

En su mocedad y en rol de ejecutante del cuatro y cantante, estuvo brevemente con el pianista Albert Dieffenthaler, junto a quien realizó presentaciones en varios programas de televisión, hoteles y bares.

A inicios de la década de los años 70 del siglo pasado, ingresó a Los Juveniles, que fue la primera orquesta donde participó como bajista, cantante, compositor y arreglista, con esta agrupación, con la que se hizo famoso en su lar natal, obtuvo en tres años consecutivos (de 1976 a 1978) el premio Tumba, una celebración anual que se enmarca en los carnavales de Aruba. Por cierto, posteriormente, Jeand’or volvería a obtener ese premio en dos años seguidos (1990 y 1991).

En 1978 Robert Jeand’or fue coronado como Rey de Tumba, tras interpretar la canción “Bolombonchi”, autoría de Vicente Kelly, Víctor Oduber y el propio Jeand’or, que luego fue grabada por el popular artista colombiano Joe Arroyo, quien murió en el año 2016. Aquella impactante actuación fue vista por Johnny Ventura, quien también se presentó allí con su orquesta y El Caballo Mayor se acercó al cantante arubeño para saber si le interesaría probar suerte en el extranjero.

Mientras aquella experiencia se desarrollaba, Jeand’or no detenía sus ansias de engrosar a sus acervo nuevos conocimientos musicales y ampliar los que ya poseía en lo concerniente a la armonía y composición.

En el primer lustro de los años 70, llegó su primera grabación, compuesta y arreglada por el propio artista: “Ta di nos e ta”, frase que traducida al castellano significa “Es nuestro”.

Durante el año 1979 lanzó con su orquesta La Nueva Fuerza la producción musical titulada Rey Di Tumba 1976-77-78, grabada en su isla natal y contando con el respaldo de Aruba Recording Studio, donde experimenta con los géneros latin, folk y country, brindándonos canciones como “Ban bonse”, “Ata mi cos”, “Manera un wiei”, “Slip’e”, “Bolombonchi”, “Pusha bai aden”, “M’y yega”, y “Canta cu mi awor”.

Muchos no saben que Robert Jeand’or estuvo a un tris de ingresar al Gran Combo de Puerto Rico, tras la salida de Andy Montañez. Jeand’or subió a tarima con La Universidad de la Salsa, durante una presentación en el club Caiquetio, e interpretó “El barbero loco”, “Las hojas blancas”, “Pin pin” y otras canciones que Montañez vocalizaba. Su voz impactó a don Rafael Ithier y a la plantilla de la famosa agrupación. Luego de Montañez pasar a La Dimensión Latina, Ventura llamó al maestro Ithier y le recomendó a Jeand’or para llenar la plaza del Niño de Tras Talleres, a lo que Ithier contestó que sí, que lo conocía, pero ya había reclutado a Jerry Rivas. Se dice que también se interpuso un retraso con el visado norteamericano.

Faltó muy poco para que Jeand’or formara parte de La Dimensión Latina, pues tanto cuando Oscar de León salió de esta orquesta como cuando Andy Montañez también lo hizo, se mencionó el nombre del arubeño para ingresar a esta agrupación venezolana. De hecho, fueron a buscarlo donde trabajaba, pero ya él estaba en Santo Domingo con Los Hijos del Rey.

Asimismo, en una visita de Larry Harlow a la isla de Aruba, El Judío Maravilloso vio cantando a Jeand’or y le dijo a Vicente Kelly, recién fallecido en el presente año (2020) y compadre del popular cantante, bajista y arreglista, que se llevaría al cantante arubeño para Nueva York, pues necesitaba quien llenara el vacío que dejó en su orquesta Junior González (fallecido el 10 de mayo de 2012) y Kelly le respondió positivamente, pero esa promesa quedó trunca.

En medio de todo aquello, el artista arubeño optó por ingresar a la orquesta Los Hijos del Rey, en 1979, y radicarse en Santo Domingo.

“Fue Johnny Ventura quien me habló para que yo viajara como músico a República Dominicana y llegar allí se consagró en una gran experiencia. Ya en la capital dominicana, la primera grabación que hice se trató de un anuncio comercial y la persona que me llamó para ese trabajo fue un señor músico muy respetado, su nombre es Jorge Taveras”, puntualizó.

Ya con Los Hijos del Rey, orquesta entonces dirigida por el maestro Dioni Fernández, grabó merengues como el emblemático “Yo me dominicanizo”, del prolífico compositor puertorriqueño Catalino Curet Alonso, cariñosamente Tite, “La pilandera” y “La vacuna”, de Porfirio Ruiz, entre otros, así como las salsas “El viento”, de Joe Nicolás, y la exitosa “Puchula”, de Ramoncito Díaz.

Mientras se presentaba en Puerto Rico con Los Hijos del Rey, orquesta que estaba en pugna con otra facción por la utilización del nombre, Jeand’or, que en medio de aquello se hallaba en una especie de limbo, recibió una llamada del compositor Curet Alonso (fallecido en el año 2003), quien medió para que cantara con Roberto Roena & Apollo Sound, y el artista le dijo que lo pensaría porque tenía que hablar primero con Ventura, quien siempre ha sido su consejero.

Otra coyuntura que puso a Jeand’or al borde de integrarse a una orquesta salsera: en medio de una gira en Puerto Rico, el trompetista Nelson García, de Los Hijos del Rey, habló con el maestro Bobby Valentín para que incluyera al arubeño en su orquesta y al astro boricua le gustó mucho la voz del cantante, pero entonces tenía como sonero estelar al Cano Estremera y todo se volvió nada.

Robert regresó a su país debido al nacimiento de su hijo Robert Reinier, pero algunos meses más adelante Ventura volvió a convencerlo para que retornara a Santo Domingo y así, en el año 1983, se integró a la orquesta del popular artista dominicano y grabó algunos merengues, destacándose “Rebeca”, que alcanzó notable popularidad en varios países de América Latina.

En aquel mismo año, grabó, con su orquesta La Nueva Fuerza, el álbum “N’ami Un Tiki/Mi Banana” para WBS Production, realizado en Aruba, con boleros, salsas y merengues diseminados en “T’abo”, “Mi sono”, “Panamá me tombe”, “Aunque digas que no”, “Se me olvidó tu nombre”…

“La Nueva Fuerza, volumen 2, Frío y Caliente” fue su siguiente apuesta, con la disquera Zuni Internacional, y grabado en la capital dominicana. En esta producción mezcló soca, merengue, son montuno, salsa y cumbia, con canciones como “A ta combatize”, “Yo te lo dije, mujer”, “Le puntuane”, “Isaela” y “Negros seremos”, entre otras.

Hacia el año 1985 formó su orquesta en suelo dominicano, desempeñándose como cantante, bajista, arreglista y productor musical, aportando también varias composiciones. Lanzó al mercado las producciones “Robert Jeandor y Su Orquesta” (1985), grabada en Puerto Rico para el sello Bronco, con salsas como “Pan con café”, “El tirijala”, “El milagro”, “Pellizco”, “El borracho”, “Tómalo”…

“El Embajador” (1989), grabado en Santo Domingo, para la compañía Robro, donde combinó merengues y salsas, con títulos como “Ta gusta bo a gusta”, “El viaje” (Palmer Hernández), “Loco y aturdido” (Rento Arias), “Pa que lo baile usted”, “Don Alcides” y “Cuatro velas” y otros. Casi todas las canciones son de autores dominicanos y los arreglos son del propio Jeand’or y del maestro Ramón Orlando Valoy.

“Robert Jeand’or & La Nueva Fuerza/Mi Chalapy” (1990), grabado en Venezuela y respaldado por la disquera Sonoindustrial, con una mezcla de salsas y merengues, como “Alma dimi so”, “Mi tin cua bai c une”, “Amor”, “Soledad”, “Ayer cuando te vi” y “Love won the beach”.

Al año siguiente y para la disquera Sonotone y también con su orquesta La Nueva Fuerza, lanzó la producción titulada “La cerveza”, que, además de este tema, contiene, entre otros, “La negra Carmen”, “Déjenme llorar”, “Salado y dulce”, “Alma negra”, “Aruba bon bon”, “La rica cumbia” y “Maribel”.

Siempre fiel al merengue y la salsa, puso a circular “Robert Jeand’or y Su Música Caribe”, que grabó en Aruba, auspiciado por el sello Thoro, de cuyas canciones cabe destacar “El gallo arisco” (Fernando Echavarría), “Pepe” (Raffy Rosa). “La huella de mi ayer” (Charlie Mosquea), “El vagabundo” (José Peguero), “San Pedro bendito”, “El floreo” y “Eso es lo que va”, estas tres últimas compuestas por Jaime Shanlatte. Todos los compositores son dominicanos.

De igual manera y con su orquesta La Nueva Fuerza, grabó en Colombia las salsas “Estás pillao” y “El cubanito”, para Discos Orbe.

Es muy posible que, desde su arribo a República Dominicana y sin desmedro de sus demás condiciones artísticas, la faceta que mayor prestigio le otorgó a Robert Jeand’or haya sido su trabajo en los estudios de grabación, ya sea participando en los coros, donde sobresalía su potente y afinada voz, dirigiendo tanto a los coristas como a los solistas, tocando el bajo y arreglando canciones para diferentes cantantes y agrupaciones.

“Pasé a formar parte, como músico, de los estudios de grabación, en los cuales trabajé con grandes instrumentistas dominicanos, participando en grabaciones de una gran cantidad de orquestas, solistas, anuncios comerciales…, y como instrumentista, ejecutando el bajo y las maracas, participando en coros,, dirigiendo voces, haciendo arreglos musicales… Era nuestro trabajo diario”, especificó, resplandeciendo en su rostro ese brillo especial que solo puede proyectar un alma sumergida en remembranzas.

Asimismo, destaca que tuvo la oportunidad de acompañar al maestro Johnny Pacheco, una de las veces en que el legendario ícono de la salsa viajó a su patria, República Dominicana, así como a la cubana Celia Cruz, a quien tuvo la oportunidad de acompañar como bajista y corista en varias ocasiones.

El aporte del maestro Jeand’or a la música dominicana es realmente asombroso, en términos de cantidad y de calidad. En aquellos años, prácticamente residía en los estudios de grabación y nadie sorprendía encontrarlo grabando, a con las más variopintas figuras de la música popular latinoamericana, en especial del merengue y uno que otro salsero.

“Bueno, grabé para tantos artistas renombrados… Johnny Ventura, Juan Luis Guerra, Joseito Mateo, Félix del Rosario, Wilfrido Vargas, Los Hijos del Rey, Sergio Vargas, Alex Bueno, Sonia Silvestre, Maridalia Hernández, Víctor Víctor, Coco Band, Rubby Pérez, Bonny Cepeda, The New York Band, Iris & Franklin, Luis “Terror” Díaz, Los Kenton, Ray Polanco, Tommy Olivencia, Roberto Torres, Aníbal Bravo, July Mateo “Rasputín”, Henry García, Carlos Alfredo Fatule, Carlos Manuel “El Zafiro”, Richie Ricardo, Nicky Soul, La Artillería, Monchy Capricho, Juanchy Vásquez “El Galeno”, Orquesta Joven, Altamira Banda Show, Las Canelas, Los Hijos de Puerto Rico, Mayra & Celinés, Diveana, Freddy Kenton, Roland Roll, Raphy Pou, Sonny Cristal… Como corista grabé tantos temas que no recuerdo a todos; son miles de canciones, repartidas, especialmente, en discos de merengue y salsa”, expresó, recordando que grabó en las producciones “Bachata rosa”, “Areíto”, “Fogaraté” y “Ojalá que llueva café”, del grupo 4-40.

“Son tantos cantantes y agrupaciones con los que grabé que no recuerdo cuántos son, pero casi todos dominicanos, colombianos, arubeños, curazaleños, costarricenses, venezolanos, ecuatorianos, panameños, haitianos… Muchos grabaron una sola canción y no se sabía más de ellos”, expresó.

Como compositor, además de las canciones que él mismo ha interpretado, aportó obras de su autoría que engrosaron los repertorios de varios cantantes de su tierra natal, escritos en papiamento.

Su contribución en la parte vocal es tan notoria que incluso tiende a opacar su desempeño como arreglista, faceta en la que también desplegó una labor plausible.

“Creo que “Negrito Kumba”, composición de Marcos López, para Los Hijos del Rey, cantando Jacinto Gantier y grabado en 1984, fue el primer arreglo musical que hice en Santo Domingo. Elaboré una gran cantidad de arreglos para decenas de artistas y grabé cientos de canciones con esos grandes músicos dominicanos; también fueron diversos trabajos para orquestas de Puerto Rico y de otros países latinoamericanos, muchos merengueros. Ah, también hice dos arreglos y grabé el bajo para la orquesta de Tommy Olivencia: el merengue “Aha Uhu”, de Ramoncito Díaz, y el calipso “Patsy”, ambas canciones vocalizadas por Frankie Ruiz”, resumió este gran artista.

Sumados a los que hizo para su propia orquesta, también elaboró arreglos musicales para Juanchy Vásquez “El Galeno”, Diveana, Mayra & Celinés, Lenny Pérez, Iris & Franklin…

En las postrimerías del año 1990 decidió regresar a la isla que lo vio nacer y allí reorganizó su agrupación, que poco después se convirtió en Robert Jeand’or & Su Solo Banda Show, con la cual vertiginosamente se posicionó entre las más solicitadas y premiadas. Al respecto señaló que tomó la decisión de retornar a su país porque “a veces tu tierra te llama”.

No tardó en lanzar una producción, que tituló “Pura salsa”, donde recopiló todas las canciones que ha grabado en la onda salsera, entre ellas “El viento”, que, como dato curioso, los arubeños no creían que quien cantaba era uno de los suyos, sino que endosaban el crédito a un dominicano.

En el año 1992, su gran amigo Johnny Ventura viajó hasta Aruba especialmente para entregarle a Robert Jeand’or el “Den Ambiente Awards”, un reconocimiento especial con que se exalta los méritos que este emblemático artista arubeño ha acumulado durante su brillante carrera musical.

“Mi mayor satisfacción en la música es que quería llegar donde estaban los más grandes de la música latina y no me quejo de eso, tal fue que mi primera grabación discográfica, que se pegó, hasta el día de hoy está vigente, como es el caso de la canción “Yo me dominicanizo”, de ese gran compositor don Tite Curet Alonso, que en paz descanse, ¡qué honor para mí!”, expresó muy emocionado.

Casado desde 1979 con la dama arubeña Viviana Geerman, con quien procreó a su hijo Robert Reinier, que nació en 1981, el artista es también padre de Andushca Suheila JeanD’or Odor (1975), fruto de una relación anterior.

El maestro despidió la entrevista manifestando palabras emotivas, propias de un corazón repleto de gratitud y con inmensas ganas de seguir extendiendo su valioso legado musical.

“Desde que regresé a la isla de Aruba hice mi propia orquesta: nunca dejé de hacer música porque la música es mi vida y a los fanáticos de toda la vida les tengo que decir que los quiero y los querré siempre porque son ellos quienes nos alientan para seguir en lo que Dios nos mandó hacer en este mundo: alegrar los corazones de los seres humanos”, afirmó.

El pueblo dominicano acumula una enorme deuda de gratitud con este gigante de la música popular, quien durante una considerable porción de su vida productiva puso su abundante talento artístico a favor del ascenso cualitativo del repertorio de los merengueros y más allá. Además, siempre le ha prodigado sincero amor a la patria duartiana y por eso es tan dominicano como el mangú.

Tomado del diario digital Italian’s News.