SANTO DOMINGO.-La noche del viernes en Lungomare tuvo el sabor especial de las grandes celebraciones. En vísperas del Día de las Madres, el emblemático centro de entretenimiento reunió a decenas de parroquianos en una velada donde la música, el baile y la nostalgia se combinaron para rendir homenaje anticipado a las madres dominicanas.
La responsabilidad de abrir la fiesta recayó sobre Windel Medina y su Brother Band, agrupación que demostró desde los primeros acordes una notable solidez musical. Con un repertorio integrado por clásicos bailables de diversos géneros, la orquesta logró que la pista de baile se llenara a capacidad. La calidad del sonido, la precisión de los músicos y la energía desplegada sobre el escenario conquistaron al público, que respondió con aplausos y muestras de aprobación a cada entrega artística de la banda.
Al filo de la medianoche hizo su entrada Camboy Estévez, uno de los más reconocidos exponentes de la canción romántica dominicana. Fiel a su estilo bohemio y cercano, inició un recorrido musical de más de noventa minutos que apenas interrumpía para levantar su copa y pronunciar su tradicional brindis de “¡Salud!”.
Canción tras canción, el artista encontró un coro espontáneo en los asistentes, quienes acompañaron cada interpretación con evidente emoción. Temas como Ternesa, Lucía, Los caminos de la vida y Mi calle triste provocaron una verdadera explosión de sentimientos entre una audiencia mayoritariamente femenina que celebró con entusiasmo esta especial dedicatoria a las madres.
La conexión entre Camboy y el público fue tan intensa que, una vez concluida la bohemia, el artista regresó al escenario para ofrecer un inesperado regalo musical. Acompañado por la orquesta, interpretó boleros y merengues que evocaron sus años como cantante principal del maestro Primitivo Santos, despertando recuerdos imborrables entre los presentes. Así transcurrió otra noche memorable en Lungomare…donde siempre será. La próxima cita ya tiene nombre: Merenson.