Por el Dr. Leonardo Andujar Zaiter, Santo Domingo, DN.-Asumir vida espiritual, constituye significativo aporte a la existencia.
De negarse, nada favorecerá a la iniciativa de lograr mejores condiciones hacia el interior con intención, de abrir la iniciativa al acercamiento a Dios.
Obtendremos vida espiritual día a día, si nos mantenemos en soledad teológica (silencio espiritual) y establecemos comunicación íntima.
La espiritualidad también despertará interés por el crecimiento personal.
Hace mejor ser humano con debida sensibilidad social, mostrando alta solidaridad frente a las necesidades del prójimo.
La soledad teológica es el punto de partida para marcar la convivencia con Dios, y aceptar la reconciliación y el disfrute de nuestra paz interior.
Dicha relación no requiere de mediación, pues, el proceso de transformación ejerce efecto, cuando en sí mismo, buscamos de manera directa y en total arrepentimiento.
El vínculo directo en recogimiento, crea conciencia espiritual de la necesidad a vivir, en la propia existencia en pureza interior.
La vida espiritual crece acá en la tierra por las buenas obras realizadas en aquellos, encontrados en debilidades.
Sentir amor de Dios, profundiza la convivencia, haciendo resplandecer el hombre nuevo.
El hombre nuevo permanece en fortaleza al confiar como su alma produjo el cambio, aspirado por todo ser humano.
La perfección y la santidad mueven a la existencia a orientar al hombre en ir a la fuente de la sabiduría y nutrir el alma en la consumación del crecimiento de vida espiritual y personal.
La vida espiritual es inagotable y concede plenitud tan pronto arribamos a la comunión con Dios.
¿Distingues el valor de la espiritualidad en la existencia?