Por el Dr. Leonardo Andujar Zaiter, Santo Domingo DN.-La confesión debe ser realizada diariamente.
No importa seamos o no, creyentes en Dios.
Cuando nos damos en acto de confesión, empezamos a sentirnos totalmente diferentes.
Cualquier momento resultará propicio para confesarnos, pero de manera particular, prefiero hacerlo antes de ir a dormir.
El sueño será conciliado mejor y el descanso a experimentar, acontecerá de forma reparadora.
Cuando ponemos los pecados a nivel de la conciencia crítica, entonces, libramos dolores, remordimientos y maldades almacenadas sin necesidad justificada.
Transparentemos el interior y el amor fluirá con absoluta pasión, pues, la sinceridad reinará.
Confesarnos diariamente, evitará acumular cargas negativas y nada apartará de la estabilidad en la vida.
Al eliminar los pecados cometidos, restablecemos el estado que nos acercará más a nosotros mismos.
Dormir provistos de conciliación y paz, el despertar de mañana, surgirá con el resplandor del sol y tendremos acariciada la vida.
En el verdadero gozo veremos brotar como fuente de manantial y abundantes aguas cristalinas.
Vivir arrastrando los pecados, llevarán a enojos, dudas y rechazos que nada contribuirán a alimentar la vida a los deseos de Dios.
La vida acompañada de amargas dificultades almacenadas en el interior, tampoco facilitarán que lleguemos a la profundidad del hombre y así conectar con Dios.
La confesión realizada habitualmente, volverá más creyente a quien la asuma.
La vida no será comportada falsamente, ya que, contará a cada instante de la asistencia divina que marcará la autoridad, permitiendo creer y crecer en completa comunión santa.
Si ignoramos los pecados, no sabremos de las cosas humanas dadas para el buen disfrute, a través del sentido cristiano.