Porel Dr. Leonardo Andujar Zaiter Santo Domingo DN.-Vivir pretendiendo controlar o manejar la vida de los demás, contribuye al peor de los fracasos.
Esto es extensivo a parejas, hijos, familiares y amistades.
Muchas veces, no somos capaces de llevar adecuadamente nuestras propias vidas y buscamos inmiscuirnos en otras.
Vemos frecuentemente acciones tendentes a manipular a personas que por cerca sea el vínculo de unión, no son propiedades asignadas.
Tratamos de justificar cualquier manera para interferir en quienes nos propongamos.
El hombre es independiente en el marco de su realidad.
Pretendemos arreglar a otros sin antes confiar en nosotros mismos.
Asumir a otros, olvidamos el derecho a la individualidad.
El afán de controlar o manejar, nunca dejan los mejores resultados.
Son causas frecuentes de divorcios, distanciamientos y enemistades que destruyen vínculos de unión al no interpretar adecuadamente, el lazo existente.
Cuando intervenimos en vidas ajenas, la verdad, no sentimos valores que enmarcan respeto.
Cada quien goza de libertad y libre albedrío de hacer lo que entienda prudente con su vida.
No confundamos términos como orientación, participación, colaboración, al abordar parejas, padres-hijos, familiares y amistades.
Intentar hurgar más allá, violenta el estado de privacidad y autodeterminación de las personas.
Lo correcto es dialogar, orientar, interpretar y sugerir, nunca imponer el sentido crítico particular.
Las relaciones humanas consiguen excelentes resultados, cuando prima la comprensión y la confianza con el debido respeto al discernimiento y aceptación.
En el caso de padres-hijos, hay una variable especial llamada madurez.
Importante es considerar la madurez, durante la crianza de los hijos.
Madurez en los hijos, flexibilidad en los padres.
Los hijos no son rehenes, solo hijos.