Por Daniel Cruz, Santo Domingo, DN.-Es duro decirlo, pero el presidente Luis Abinader ha hecho un hábito el mentirle al país, y es duro decirlo porque el presidente de una nación debe ser un referente moral, debe ser alguien obligado por su investidura –o por lo menos debe intentarlo– a ser un modelo de virtudes, alguien que se empeñe en ser un buen ejemplo para sus conciudadanos.
En la línea de conducta de ser un mentiroso empedernido, un fabulador patológico, cada vez que lee el mensaje con que acompaña la rendición de cuentas de los ministerios de su gobierno, el presidente Abinader se supera a sí mismo en exageraciones, alteraciones de datos, en atribuirse realizaciones de otros gobiernos, en fin en la despreciable práctica de mentir.
Veamos el caso de su discurso del 27 de febrero de este año, aclarando de antemano que en ocasiones Abinader no miente, él da los datos reales pero los acompaña de un sesgo, de una interpretación acomodaticia que los aproxima a la condición de falacia. En este último aspecto, el de la falacia, Luis Abinader no se limitó a rendir cuenta de lo hecho en el año 2025 sino que incluyó realizaciones de otros años, lo que convirtió la memoria de 2025 en la consolidación, la suma de lo hecho en varios años, y lo peor: se arrogó realizaciones de otros gobiernos.
Casos concretos de mentiras-falacias-sesgos
1_. El presidente Luis Abinader dijo que entregó en Santiago de los Caballeros 221 obras. En esto los números lo desmienten. Esa cantidad de obras equivale a 18.4 obras mensuales (221 entre 12), y a 4.25 obras cada semana (221 entre 52), o sea más de una obra cada dos días. Por eso los santiagueros se preguntan ¿dónde están esas obras?
2_. El caso de los incrementos de los empleos. Asumiendo que sea verdad que se crearon en el período analizado (enero-diciembre 2025) 117,000 empleos, lo cierto es, como han demostrado el Partido de la Liberación Dominicana y algunos analistas, entre ellos el matemático Jaime Aristy Escuder, el grueso de esos nuevos empleos lo originaron nombramientos en el gobierno. En números fríos, de esos 117 mil empleos 75 mil 461 engrosaron la enorme nómina del gobierno en tanto que apenas 42,000 los creó el sector privado, sector que tiene el peso de alrededor el 85 % en la economía nacional.
3_. Veamos el caso del eufemismo del crecimiento de la economía en 2.1 %. Por dos razones, ese cacareado crecimiento (movimiento hacia arriba) es en verdad un decrecimiento (movimiento hacia abajo) cuando reparamos en que República Dominicana crecía en los gobiernos del PLD por encima del 5 % cada año. Entonces, lo que Abinader y el PRM le han hecho a este país es quitarle en promedio algo más del 2.9 % de crecimiento cada año, una barbaridad. Pero bien, no seamos tan rigurosos y exigentes y consideremos, para ayudarlos, ese 2.1 % como un crecimiento. Ese cacareado crecimiento se vuelve nada si le restamos lo que salió por el pago de interés y amortización de la deuda externa e interna, que fue por el orden del 4.9 % del producto interno bruto, o sea la friolera de 434,449 millones de pesos.
Y para hacer conciencia de la mala situación económica del país debemos hacer referencia, porque de una manera u otra tiene incidencia en el crecimiento económico de una nación, al crecimiento de su población, que en nuestro caso es de alrededor del 1.11 % anual. ¿Por qué decimos esto? Porque cada año hay más bocas que alimentar, más cuerpos que vestir, más gentes que se casan y necesitan vivienda y otros servicios, y necesitan empleo; cada año hay más jóvenes que necesitan aulas y más personas que sanar, en fin ese 2.1 por ciento que creció nuestra economía hay que verlo en el contexto de ese 1.11 % de crecimiento de la población y de los egresos en concepto de pago de intereses y amortización de la deuda del gobierno.
Entonces, como hemos visto, las matemáticas desmienten a Abinader en el intento de meterles gato por liebre a los dominicanos y las dominicanas en un discurso falaz que puede lograr aplausos en un escenario condicionado, pero que de ninguna manera corrige lo mal que él y su gente dirigen a este pobre país merecedor y necesitado de una mejor suerte.