Por el Dr. Leonardo Andujar Zaiter.-Dudar de Dios, no es malo, pero ignorarlo sí.
El sufrimiento no debe alejar, por el contrario, acerca a la convivencia de fe.
A veces la incomprensibilidad de porque Dios actúa de tal o cual manera, fomenta dudas y provoca pretender renunciar a la conexión.
Entender cómo interpretar a Dios, asegura la compasión a recibir en medio de la tormenta.
Empeñarse en desconocer a Dios, denotará la pobre disposición a estar en franca sintonía y doblegados.
La incomprensibilidad llevará a la ignorancia y nunca sentirá andar en búsqueda espiritual.
Dudar no conduce a preocupación, en cambio, el dominio de lo inconcebible, es imperdonable.
El interior permanece destrozado al mantenerse apartado de Dios y de la experiencia individual a relacionar con la imagen divina.
Poder tener respuesta referente a la aceptación de Dios, alcanzará a ver reflejarse, la santa presencia en la entraña de la oscuridad.
Prueba a mostrarse a sí mismo, Dios es, y nace luego de madurar el proceso de dudas, por el cual, todos necesitamos pasar y superar.
Aunque hay que decir, Dios no es encontrado, a través de la razón, por eso, en tantas ocasiones, caemos en dudar.
Las consideraciones teológicas activadas, regularmente no conectan con la relación directa al hombre sin antes renunciar a cuantas dudas aparecieran.
Vivir generando dudas sobre Dios, empequeñecen las posibilidades de testimoniar la experiencia de fomentar el entendimiento sin contar con la razón.
Dudar no es malo, por tanto, no nos limitemos a vivir dudas, a pesar de que otros puedan pensar diferente.
Las dudas hacen crecer.
¿A veces dudas de Dios?