Por Jhonny Arrendel, New York.-La dignidad no se negocia ni en los pasillos de un hospital..
Destituir a un director por fallas graves es deber ineludible
Pero convertir esa remoción en un espectáculo de humillación pública, con saludo protocolario forzado y cámaras como testigos, es otra cosa: es degradar la investidura de la medicina misma. Se pudo mandar el mensaje más fuerte del mundo sin necesidad de rebajar la imagen de un colega médico delante de todos
La autoridad que se ejerce mediante pisotear la dignidad ajena es más frágil de lo que parece. Hay formas de ser firme sin ser cruel
Hay maneras de limpiar la casa sin convertirla en un reality show en busca de like
Una lección que este gobierno -y todos- deberían aprender de una buena vez: la decencia en el ejercicio del poder no es debilidad; es la única fuerza que perdura.
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