Por Leonardo Andujar Zaiter, Santo Domingo, DN.-Uno mismo es responsable de lo acontecido dentro de sí.
Nadie absolutamente, puede entrar a manipular el interior ajeno.
La influencia de una persona a otra, goza del consentimiento previo, para apoderarse de la realización.
En la medida que tengamos debilidades y no sean trabajadas, entonces, facilitaremos ser interferidos considerablemente.
Debemos evitar caer en ese dominio ajeno que desnaturaliza, el sentido correcto a vivir.
Será vida falsa tomada en decisiones contrarias, a las legítimas a exhibir.
Dios concede la vida y necesitamos desarrollarla en completa intimidad.
Resulta comunión de entrega verdadera que facilitará despertar, la transformación aspirada y así alcanzar la superación personal.
Obviamente, desborda confianza y ofrecerá la posibilidad de actuar en autenticidad.
Cada quien escribe su propia historia que permitirá manejarse, en medio de la soledad filosófica.
Aprender a contemplar el interior, perseguirá ascender, a pesar de lo árido que sea el desierto vivido.
No es razonable esperar que otros llenen el profundo vacío tenido.
Imposible huir de la íntima realidad, la cual, acontece opacada por las peores tinieblas.
Persistir desconocer, cuántas cosas admirables yacen en cada ser, es, convertirse sumamente pobre en espíritu y persona.
Saber admirar, impedirá intervenir vidas ajenas y rebatar, las tantas maravillas con que fuimos concebidos por el Creador.
Si seguimos cediendo oportunidades a otros a intervenir y manipular la vida, entonces, no tendremos porque quejarnos de una vida rebozada en amarguras y desdichas.
¿Permites intervenir el interior para que manejen la vida?