Diario Digital Dominicano, por Leonardo Andujar Zaiter, 16 de agosto 2023, Santo Domingo DN./Crecer sin dar es morir sin vivir.
En la medida que vayamos creciendo íntegramente, nos acercarnos a los demás y conseguimos solidarizarnos con esas limitaciones, las cuales producen enormes dificultades.
Entender que debemos fortalecer la relación interior para pensar sobre la confirmación del espíritu cristiano ante el hombre, independientemente de sus circunstancias.
El crecimiento personal ofrece diferentes fuentes de energía y convierte en exquisitez la calidad de vida.
El apoyo incondicional vuelve al hombre, figura trascendental en medio de los grandes deseos de superación de otros.
Crecer sin dar, pone a pruebas el compromiso social como experiencia a manifestar frente a las limitaciones que terminan perjudicando al prójimo.
Morir sin vivir es imposible.
Comportarnos indiferentes, nada lógico repercutirá al razonamiento en cualquier nivel de crecimiento.
Crecer sin dar y morir sin vivir, no escenifican el proceso de la cotidianidad buscando el avance de la humanidad.
Hay que abrirle sentido a la vida y saber desear lo mejor a todos.
Crecer sin dar, anula el esfuerzo de brindar posibilidades a quienes habitan alrededor y esperan recibir con amor, aportes en momentos difíciles.
Cuando damos, Dios derrama bendiciones y hace posible rebasar las terribles pruebas presentadas.
Crecer sin dar, la vida no tomará color y la brillantez de la alegría, también se ausentará del soporte a vivir en cada despertar.
Crecer y dar gracias a Dios, nunca habrá de faltar en quienes sustentan la vida en el plano espiritual.
Crecer sin dar, bloquea continuar adelante y aprender de lo escondido dentro de sí que invita a vivir solidariamente y en cercanía a Dios.
¿Debemos ser más solidarios con el prójimo?