Diario Digital Dominicano, por Francisco Cruz Pascual, 18 de marzo 2020, Santo Domingo DN.-Presencia de silencios abruman al mundo. De repente podemos estar en casa y abrir las ventanas para recibir al viento. Descansan las chimeneas de la legendaria China y se encuentran desoladas las millas de las carreteras, libres del ruido y del humo de los escapes de los motores. New York descansa de tantos transeúntes y París cierra sus atractivas y románticas estadías. De pronto los aeropuertos dejan espacio disponibles en los hangares y los inspectores de migración se apuran en despachar a los viajeros con máscaras de miedos emblanquesidas.
Y así, nos vemos como somos, vulnerables, débiles, inseguros y temerosos. Para algo a de servir la incertidumbre, la ansiedad de sabernos amenazados y perdiendo el control de los contextos idas las certidumbres.
Introspección necesitamos, orgullos caídos al vernos indefensos ante el poder de la naturaleza a través de tan pequeñas incógnitas virales, traerán aquellos cambios de actitud tan necesarios para el bienestar de nuestras vidas y de las vidas de nuestros prójimos.
El silencio invade las plazas de toros de la España otrora poderosa, arrasadora de aborígenes y templos sagrados de amerindios.
Descansan las playas y los estadios, la juergas se aplacan por decretos y memorándums.
Que sea para bien esta agonía de la gente.
Que nos ayude esta implacable realidad, que nos traiga reflexión y crecimiento, ante esta tribulación inesperada.
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