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EL MISTERIO O SACRAMENTO DE LA PASCUA IDENTIDAD CATOLICA

Por el Padre Manuel Antonio Garcia Salcedo de la Arquidiocesis de Santo Domingo.-El Prefacio de la Plegaria Eucarística II proclama que Jesucristo extendió entre el cielo y la tierra sus brazos en la cruz, y así adquirió para Dios un Pueblo Santo, familia y comunidad de los creyentes. La Plegaria Eucarística de Reconciliación I proclama: cuando nosotros estábamos perdidos y éramos incapaces de volver a Dios, Jesucristo que es el único justo, se ofreció así mismo… pero antes de que sus brazos extendidos entre el cielo y la tierra trazasen el signo indeleble de su alianza, quiso celebrar la pascua con sus discípulos… Y continúa la plegaria con la epiclesis o invocación al Espíritu Santo sobre las ofrendas de Pan y Vino para transformarse sacramentalmente en el cuerpo y sangre de Jesucristo.

He aquí el sacramento de nuestra fe, el misterio de nuestra salvación, la redención que nos adquirió Jesucristo, conformada por cinco escalones sucesivos para el perdón del pecado del mundo, el perdón del pecado contra el Espíritu Santo, para ti, para mí, para muchos y para todos:

  • La Pasión de nuestro Señor Jesucristo explicada devocionalmente representada en el vía crucis (la vía dolorosa) en sus 15 estaciones. San Juan Pablo II fue quien agrega a las 14 estaciones la resurrección del Señor para indicar que la cruz no es un fin sino un medio que debe concretarse en las 14 obras de misericordia. El Papa Francisco agregó la obra de misericordia decimoquinta con el cuidado del medio ambiente.
  • La muerte cruenta de Jesucristo en la cruz, tras su derramamiento de sangre.
  • La resurrección de entre los muertos al tercer día, después de haber descendido a los infiernos y haber predicado a aquellos que moraban en el lugar de los muertos.
  • La ascensión del Señor a los cielos y su entronización como Señor de cielos y tierra, de todo principado, dominio y potestad
  • El envío del Espíritu Santo para recrear la faz de la tierra a través de su sacramento de salvación que es la Iglesia cimentada sobre la roca de Pedro y el colegio apostólico por medio de sus sucesores ininterrumpidos, el Papa, obispo de Roma y los Obispos en comunión con él, cabeza de la Iglesia universal en permanente diálogo ecuménico, interreligioso y cultural hasta alcanzar la sufrida y anhelada unidad de todos los cristianos y de todos los hombres de buena voluntad.

La Anastasis (La Resurrección) es el resultado de la destrucción de la muerte (Salmo 15) desde el madero de la cruz como una de las dimensiones fundamentales de la Buena Noticia (Evangelio).

La experiencia de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35) que le conocieron cuando les explicaba el resucitado que el mesías debía sufrir, ser entregado y aniquilado en manos de las autoridades religiosas, para después de muerto, resucitar de acuerdo a Moisés, los profetas y los sabios lleva a los discípulos del camino de la confusión (significado del lugar de origen: Emaús) a que se les abran los ojos, y a acoger la invitación al tercer peregrino que les sale al encuentro cuando cae la tarde que se torna en noche u oscuridad.

Al recibir Jesucristo que parte el Pan, al comulgar, ven al Señor Resucitado a quien reconocen, que de inmediato desaparece y se queda presente en las especies que están sobre el altar de la cruz, en la comunión con cada uno de los discípulos y especialmente en los que sufren.

Santo Tomas Apóstol no creyó al estar ausente en la primera aparición del resucitado el primer día de la semana (Jn. 20). Como condición pide tocar el costado y las llagas del crucificado, pero no fue necesario. El Saludo de Paz y la comunión con el Salvador y sus hermanos le llevo a la bienaventuranza de proclamarlo: Señor y Dios míos. Un eco de esta experiencia se recoge en Aparecida: Contemplar a Dios con los ojos de la fe a través de su Palabra revelada y el contacto vivificante de los Sacramentos, a fin de que, en la vida cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento universal de salvación, en la propagación del reino de Dios, que se siembra en esta tierra y que fructifica plenamente en el Cielo.

Para ello requerimos de una renovación del sacramento del bautismo, inicio de esta participación comunitaria del cáliz de la cruz y resurrección de Jesús Salvador, sabiduría práctica de Dios. El Espíritu del Crucificado es el Espíritu del Resucitado. Hemos de participar del Espíritu de la Salvación en Jesucristo. *Doctor en Teología.

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