Por Claudia Fernandez, Santo Domingo DN.-24 de abril, dos y treinta de la tarde, fecha y hora que marcan el inicio de una gesta heroica del pueblo dominicano que, poco a poco, va cayendo en el olvido de las nuevas generaciones por falta de políticas y programas que vayan al rescate de nuestra historia reciente.
Una historia escrita a sangre y fuego por cientos, miles de dominicanos, que, unidos por el noble ideal libertario de nuestros Padres de la Patria, señalaron el camino hacia la democracia.
Los destellos surgen en la memoria, al recordar episodios que marcaron de manera profunda mis sentimientos y los de una buena parte de la ciudadanía a la que tocó vivir esos momentos angustiosos y alucinantes ocurridos a partir de la caída de la tiranía trujillista. Hablamos de la década de los 60, imborrable, imperecedera, que culminó con la página marcada de valentía de un pueblo que se atrevió a desafiar los poderes fácticos erigidos y se alzó con el clamor de la lucha.
De nuevo el intervencionismo norteamericano hace aparición, con la segunda invasión a nuestro territorio, dizque para salvaguardar y preservar vidas, arrebatando lo más preciado de la nación. La libertad.
Hoy, 59 años después de ese magno gesto de los dominicanos, apenas se recuerda en la memoria, unos cuantos actos conmemorativos, pero la historia, la de verdad, sigue durmiendo en lo más profundo del baúl de los recuerdos históricos.
Gobiernos van, gobiernos vienen, y nada ni nadie mueve un dedo para ir al rescate de ese pedazo de la historia, ya hecho jirones por la penetración cultural, la involución social y el poder de las grandes jerarquías, nacionales e internacionales para ocultar los hechos y dejarlos enterrados en pozo del olvido.
La composición del Himno de la Revolución Constitucionalista, letra y música del “cantor de la patria”, Aníbal de Peña, quien falleciera sin pena ni gloria, ni mucho menos reconocimiento, en un hospital de Texas, es una muestra de la valentía mostrada por hombres, mujeres y niños, que se lanzaron a las calles en una lucha desigual para restablecer la Constitución
¡A luchar, soldados valientes, que empezó la revolución, a imponer los nobles principios, que reclama la Constitución!
Desgarró la noche serena, La sirena de la libertad, Cual clarín que llama a la guerra, Defendiendo la Patria inmortal.
Como hermanos de Duarte luchemos, que ya Mella su grito encarnó, si cual Sánchez al martirio iremos, ¡venceremos!, como Luperón.
No cedamos un paso, marchemos, Por senderos de gloria y honor, y otra vez al traidor venceremos y otra vez al grosero invasor.
Así dice este glorioso canto al valor y al sacrificio de un pueblo que pierde la memoria. La amnesia histórica va cubriendo los cerebros de la gente. El momento es adecuado para pensar y repensar la situación. Una tarea para los ministerios de Cultura y Educación.