Miguel Guerrero rechaza propuesta de reforma a ley que crea CDP

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Diario Digital Dominicano, por Roberto Fernández, 31 de julio, 2018, Santo Domingo DN.-El periodista e investigador histórico Miguel Guerrero cuestionó la propuesta de reforma de la Ley 10-91 que creó el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) por entender que como es planteada “vulneraría el clima de libertad y reduciría el derecho a la libre expresión a una elite ya enclavada en los medios”.

Guerrero tildó de “insano propósito” la intención del gremio de pretender evitar que personas ajenas a la profesión laboren en los medios de comunicación.

“Es absolutamente inaceptable que sea un gremio de periodistas el que proponga a un poder del Estado una reforma legislativa que supondría una fuerte restricción al ejercicio del periodismo, que no es más, y siempre así lo ha sido, que una extensión del legítimo derecho de todo ciudadano a expresarse a través de los medios de comunicación sin sujeción a censura o límite alguno”, expone Miguel Guerrero.

En un documento enviado a los medios, recordó que muchos de los más destacados periodistas que ha tenido el país no han salido de escuelas de periodismo y citó los casos de Germán Ornes, Rafael Herrera, Rafael Molina Morillo, el inolvidable Francisco Comarazamy, Freddy Gatón Arce, Alberto Malagón, Julio César Martínez y Orlando Martínez.

Afirmó que pese a no tener un título de licenciados en medios de comunicación los citados periodistas enriquecieron la profesión con su talento y creatividad e hicieron de ella un verdadero sacerdocio.

En cuanto al argumento del presidente del CDP, Adriano de la Cruz, de que los bajos salarios de los periodistas afecta la calidad de sus trabajos por el pluriempleo, Guerrero considera que en esta parte el proyecto de ley “afectaría otro derecho fundamental, que es el de la libre empresa, consagrada como un valor fundamental del sistema democrático.

Explica que “no es competencia del Congreso imponer por ley niveles salariales a una actividad en la que los salarios superan los niveles mínimos establecidos, para el que existe además, por práctica consuetudinaria, otras esferas de discusión”.

Documento enviado por Miguel Guerrero

He leído horrorizado en la página 12 B de la edición del diario Hoy de esta misma fecha, bajo el título “Proyecto busca evitar usurpación del periodismo”, la absurda y peligrosa pretensión del Colegio de Periodistas (CDP) de que el Senado apruebe una reforma de la ley 10-91 que lo creó, con el insano propósito de, y lo cito, “ evitar que personas ajenas a la profesión laboren en los medios de comunicación, mejorar los salarios, así como fortalecer la libertad de expresión y el derecho de información”.

La información citada atribuye al sindicato, al ofrecer detalles de la iniciativa legislativa, haber considerado, y vuelvo a citarlo, “alarmante la cantidad de ingenieros, abogados y profesionales de otras áreas que ocupan posiciones en los medios de comunicación, desplazando a los verdaderos periodistas egresados de las escuelas de comunicación del país”. En lo que parece un chiste, del que podría uno reírse si no escondiera una letal amenaza a la libertad de prensa y expresión del pensamiento, el CDP estima que la pobreza de contenido y la baja calidad de los trabajos que se publican en los medios es consecuencia directa del pluriempleo a que se ven obligados los periodistas, debido a los salarios que se pagan en los medios.

“No hay profundidad en los trabajos”, agrega el CDP, según la información citada, “producto de ese desgaste físico e intelectual de agotar jornadas en varios lugares”.

El reclamo del CPD no solo vulneraría el clima de libertad y reduciría el derecho a la libre expresión a una elite ya enclavada en los medios. Afectaría otro derecho fundamental, que es el de la libre empresa, consagrada como un valor fundamental del sistema democrático, pues no es competencia del Congreso imponer por ley niveles salariales a una actividad en la que los salarios superan los niveles mínimos establecidos, para el que existe además, por práctica consuetudinaria, otras esferas de discusión.

Hace años se discutió ampliamente en el país el intento, felizmente superado, de imponer la militancia obligatoria en un colegio como condición para el ejercicio del periodismo. La iniciativa pretendía que la práctica del oficio quedara limitada a la posesión de un título universitario de periodismo, exceptuando a aquellos que ya laboraran dos años en algún medio de comunicación. Gente que no poseía ese título y había logrado encontrar un espacio de desarrollo profesional en un periódico, una estación de radio o una planta de televisión, llegó entonces a pronunciarse a favor de impedir que otros en el futuro no pudieran beneficiarse de la oportunidad que en su momento ellos tuvieron. La propuesta era, evidentemente, a todas luces, discriminatoria y violatoria, además, de principios fundamentales consagrados en nuestra Carta Magna y en muchas de las leyes que conforman la estructura jurídica sobre la que se sustenta el Estado democrático bajo el cual afortunadamente todavía vivimos.

Es absolutamente inaceptable que sea un gremio de periodistas el que proponga a un poder del Estado una reforma legislativa que supondría una fuerte restricción al ejercicio del periodismo, que no es más, y siempre así lo ha sido, que una extensión del legítimo derecho de todo ciudadano a expresarse a través de los medios de comunicación sin sujeción a censura o límite alguno. Es, además, por todos conocidos que muchos de los más grandes periodistas que hemos tenido no han salido de escuelas de periodismo, como fueron los casos de Germán Ornes, Rafael Herrera, Rafael Molina Morillo, el inolvidable Francisco Comarazamy, Freddy Gatón Arce, Alberto Malagón, Julio César Martínez y Orlando Martínez, entre otros, que enriquecieron la profesión con su talento y creatividad e hicieron de ella un verdadero sacerdocio, dejando un legado de buen gusto y correcto ejercicio.

Todos los que hemos trabajado durante años en medios de comunicación desde diferentes posiciones, sabemos que ninguna escuela de periodismo del país debido a la falta de recursos está en capacidad de enseñar todas las facetas de la actividad como hoy se la conoce e incluso se practica y que la verdadera formación profesional termina y se depura en las redacciones de los medios, tras largos años de laboriosidad.

Limitar el ejercicio de la libertad de expresión a la condición de miembro de un gremio controlado por una elite sería el primer paso hacia el control absoluto de la información. Constituiría igualmente una sumaria suspensión de la Ley de Acceso a la Información Pública, que tanto ha significado para el fortalecimiento del derecho del público a estar bien informado de cuanto hace y no hace el gobierno y dejaría a la autoridad en posesión del más destructivo mecanismo de supresión del más sagrado de los derechos humanos: la libertad. Y, lo que es fácilmente deducible, una herramienta mortal a disposición de cualquier eventual redentor capaz de erigirse como el salvador de la nación.

Si bien las escuelas de periodismo otorgan títulos y preparan para el ejercicio de ese oficio, no hace necesariamente a sus egresados buenos periodistas. Es como si la condición de escritor y poeta se obtuviera a través de un pergamino entregado por universidades .

Con sentimientos de la más alta estima,

Miguel Guerrero