Diario Digital Dominicano, por Alejandro Saldaña, 17 de marzo 2020, Santo Domingo DN.-Vivimos sumergidos en una vida acelerada y egocéntrica.
Trabajamos, deseamos, soñamos y planificamos más allá del cansancio, y muchas veces creemos que descansar es una pérdida de tiempo.
No tenemos dos horas para dedicarlas al Señor y a nuestra vida espiritual en la congregación, ni para recrearnos con nuestra amada Familia.
No contemplamos perder un día de escuela, un día de trabajo, cerrar el negocio en Shabat, ni tomar unas justas vacaciones para descansar.
No nos agrada que otros determinen dónde debo ir y dónde no ir; que hacer y que no hacer, que comer y que no comer, que vestir y que no vestir.
Pensamos que nuestros planes y decisiones son absolutas, y que nuestra vida terrestre es perpetua, pero ¿ya ven? ¡Todo cambió de repente! ¡Un coronavirus apareció y nos cambió
los planes!
Nos hizo estar encerrados en casa, cambió nuestra rutina, nos hizo comprar lo que no pensábamos, comer lo indeseado, ir donde no queríamos y cerrar el negocio que nunca cerró, y
sobre todo: nos hizo meditar sobre la fragilidad de la vida, lo cerca que estamos de la muerte, y de la gran necesidad que tenemos de buscar el rostro del Señor para ponernos a cuenta con El.
El coronavirus nos hizo valorar el papel higiénico más que nunca! a taparnos la boca como nunca y a obedecer la orden de lavarnos las manos sin discutir. Nuestro Padre nos evalúa
para que nos conozcamos más y más.
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