Por el Dr. Leonardo Andújar Zaiter, Santo Domingo DN.-El hombre herido, se desvanece en lágrimas.
Sufre una batalla interior que debilita la vida.
El hombre herido, muchas veces propicia la destrucción de la autoconfianza.
También es poco solidario con el prójimo.
Anda haciendo mal y afectando a todo el entorno.
No encuentra consolación, pues, las malas acciones emprendidas, distancian y colocan en fragilidad, a tal punto, sus sentimientos de culpas, apuestan a no ganar la comprensión ajena.
Es un ser humano sin darse a Dios e impide poder retomar la vida en dirección correcta.
La recompensa nunca llegará, porque la falta de humildad, volverá más infeliz.
El hombre herido, apremia un examen de introspección para analizar y explicar, el paso por ese estado de frustración, producto de reiteradas desconsideraciones acumuladas.
Urge aprender a vencer las culpas almacenadas que nada ayudan a cumplir la voluntad de Dios acá en la tierra.
El hombre herido, necesita reflexionar y distinguir cual es el nivel de separación que distancia realmente de la paz.
Requiere evaluarse y entender que la mayor hazaña en la vida será entrar bajo un entendimiento interior.
El dolor y el sufrimiento cada quien elige padecerlo, por eso, oportuno es revestirse de fortaleza y replantear la manera de actuar frente a sí y los demás.
Individualmente, seleccionamos el enemigo a enfrentar en la vida.
De ahí es que los constantes conflictos harán vivir estados tenebrosos y bloquearán al hombre humano, espiritual, social y psicológico.
El hombre herido, cae por falta de conocimiento a sí mismo.
¿Has sido en algún momento un hombre herido?