El actor Iván García escribe sobre Premios Soberano

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Diario Digital Dominicano, por Iván García Guerra, 25 marzo, 2018, Santo Domingo DN.-Observé detenidamente y sorprendido la última versión de los SOBERANOS, y testarudamente permanecí, entre cabezazos, hasta el final… ¡creo!

Viejo al fin, creí no entendía en qué consiste el dembow, y para quedar en calma, temprano en la mañana siguiente busqué su explicación en Wikipedia. Dice: “El principal elemento de la música dembow es el ritmo, toma las mismas bases que la música reggaeton y el dancehall, aunque generalmente marcadas por un elemento rítmico constante y mucho más rápido que en el reggaeton; un estilo afín a la corriente comercial, y de estructura simple. El ritmo y las melodías tienden a ser sencillos y repetitivos”… Y me di cuenta de que si sabía lo que era, y que quien estaba equivocado no era yo sino el intérprete. Se entendía cuál era su intención; pero claramente no lo lograba: el ritmo era tristemente cojo, la melodía no pasaba de ser tangencial y la rima era apenas una tímida sugerencia. Eso, aparte de una amplia ausencia de léxico, y de que el intérprete parecía estar perdido en el espacio.

El segmento conocido con el epíteto de “la alfombra roja”, gozó de una precisa agilidad en los cortes, o cambios de presentadoras y presentados, que en cuanto al sexo femenino se refiere, más bien parecía un mercado de escasamente cubiertos pechos (entiéndase: tetas).

Al entrar en la Sala Eduardo Brito, el tempo se perdió. De repente había baches innecesarios e injustificables en los cambios de cámara, los cuales hacían gatear la acción con monotonía, y tiraba al suelo la pretensión justificadora de agilidad, necia e irrespetuosamente con con la música que indicaba que el tiempo de casi todos estaba fuera de lugar.

El asunto de “género” o la petición de respeto para el sexo femenino, fue un digno momento, a pesar de que perdía autenticidad por aquello del mercado ya mencionado, que coloca a la mujer en un nivel de casi esclava de la sensualidad… ¡¿o sexualidad?!

La escenografía inicial fue hermosa y deslumbrante; pero lo que ocurrió con el manejo de las embriagantes luces lindó con el abstraccionismo de los momentos danzantes. No era posible distinguir las coreografías ni los esfuerzos que indudablemente desplegaban los bailarines entre tanto y tan exagerado prende y apaga; fue, para decirlo con simpleza, una demostración de infantil pirotecnia lumínica.

Había un desagradable baratura en el asunto completo.

No opino sobre el acierto o el fracaso de la justicia en los premiados pues debo confesar (y esto sí es resultado de la edad) que no estoy al día con el desenvolvimiento del arte popular.

Hago un aparte con lo relativo al Teatro; estoy felizmente de acuerdo con los premios al director, a la obra, y a los mejores actor y actriz. Los aplaudo repleto de cariño.

¡Y eso es todo!